Por María Bird Picó
El uso de tarjetas de crédito se ha disparado entre los latinoamericanos, alentando las ventas al detal desde el Río Grande en México hasta la Patagonia.
Cuando las compras y emisiones de efectivo se agruparon, el volumen de transacción en América Latina creció a más de $50 mil millones en el 2005, un aumento del 40 por ciento al compararse con el año anterior. InfoAméricas, una firma de investigación especializada en el mercado de América Latina con sede en Miami, Florida, reporta que la región tiene más de 120 millones de tarjetas de crédito de uso general y más de 1 millón de comerciantes que las aceptan.
Durante los pasados cuatro años, la región de América Latina y el Caribe fue la de mayor crecimiento para Master Card. Sus tarjetas crecieron 30.2 por ciento en el 2005, para un total de 74.1 millones en ese territorio. Por quinto año consecutivo, MasterCard reporta una tasa de crecimiento de dos dígitos en el volumen bruto en dólares, 32.5 por ciento, a $98 mil millones. El volumen bruto incluye las compras y los retiros de dinero en efectivo.
Visa Internacional no tenía disponible sus cifras para el 2005 al cierre de esta edición, pero para septiembre del 2005, su volumen bruto en América Latina había crecido en un 39 por ciento al compararse con el mismo periodo en el 2004. Visa tiene unas 57 millones de tarjetas de crédito en la región.
Un gran factor clave en el crecimiento de la región es el constante desarrollo de productos y plataformas que ha permitido a los bancos emisores de tarjetas Visa penetrar distintos segmentos de mercado y niveles socioeconómicos que en el pasado no usaban tarjetas de crédito, dijo Vicente Echebeste, vicepresidente de productos de consumo para Visa en América Latina y el Caribe.
Echebeste cree que los consumidores se sienten atraídos cada ve más a los beneficios de no tener que cargar dinero en efectivo. Pero la retribución no es un beneficio exclusivo de los tarjeta habientes, dice, citando un estudio reciente que indica que un crecimiento del 10 por ciento en los pagos electrónicos estimula al consumo en medio punto porcentual. Gracias a los costos operacionales más bajos, los pagos electrónicos pueden generar ahorros de hasta un uno por ciento del PIB.
Los ejecutivos de retail y centros comerciales latinoamericanos dicen que los beneficios del plástico repercuten por toda la región. Graffiti, una cadena en Venezuela de tiendas de ropa para la familia, reporta que el 60 por ciento de sus compras son efectuadas con una tarjeta de crédito. En Jardin Plaza Shopping, en Cali, Colombia, el 60 por ciento de las compras son financiadas con una tarjeta de crédito o de débito. En el caso de Ace Home Center, una cadena de 5 tiendas de mejoras al hogar en el Perú, las tarjetas de crédito son usadas en casi la mitad de las compras.
Las tarjetas de crédito se han convertido en un factor de negocio importante para nosotros, dijo Poldi Weil, el director comercial de Ace Home Center.
Paul Weeks, un analista del sector retail en la oficina de Sao Paulo de Cushman & Wakefield Semco, dice que el crédito de consumo, junto a tasas más altas de empleo, han generado una demanda por bienes en Brasil aún cuando el crecimiento de la economía deceleró a 3.5 por ciento el año pasado, de 5 por ciento en el 2004. En el 2005, las ventas en los centros comerciales aumentaron un 4.76 por ciento, un número ya ajustado a la inflación. Este ha sido el mejor resultado en los pasados cinco años, dijo Weeks.
Citando cifras publicadas por Credicard en Brasil, Weeks dice que las compras con tarjeta de crédito aumentaron 27.1 por ciento comparadas al año anterior. Esta es la expansión en crédito más grande durante los pasados seis años.
En el pasado, las tarjetas de crédito eran del dominio casi exclusivo de las clases más pudientes de América Latina, pero están incursionando en las clases medias y medias bajas, según Jan Smith Ramos, director de servicios financieros para InfoAméricas. Smith Ramos comenta que también se hacen esfuerzos más agresivos para ofrecer mejores términos a los comercios participantes y aumentar los terminales para transacciones electrónicas en los puntos de venta. En México, por ejemplo, la industria bancaria anunció el año pasado un plan de expansión a un costo de $250 millones para aumentar la red de terminales a 475,000 para el 2010.
Las tarjetas de crédito son también más atractivas para los consumidores a medida que las tasas de interés han bajado a su punto más bajo en tres décadas, dijo Smith Ramos. Las tasas de interés permanecen considerablemente más altas en América Latina cuando se comparan con Estados Unidos pero para los estándares latinoamericanos se ven como un buen negocio.
En México, por ejemplo, los consumidores ahora pueden obtener tarjetas con tasas de interés de un 20 por ciento, pero en Brasil el punto de referencia es entre un 30 a un 35 por ciento. Aunque estas tasas espantarían a la mayoría de los consumidores en otras regiones desarrolladas, en América Latina son consideradas razonables a la luz de tasas más altas en el pasado y la poca disponibilidad de crédito para el consumo, dice Smith Ramos. En muchos de estos países, por ejemplo, una tasa de interés en una hipoteca que oscile entre 15 y 20 por ciento es considerada atractiva.
Según el estudio del 2004 de InfoAméricas, los tarjeta habientes mexicanos, brasileños y argentinos están dispuestos a pagar tasas que son hasta 25 por ciento más altas que el promedio en el mercado para obtener una tarjeta de crédito. Las tarjetas de crédito son la primera, y en muchas ocasiones, la única opción de crédito para muchos consumidores, dijo Smith Ramos. Otro factor que contribuye al alza en el número de tarjetas de crédito, que se estima tienen una penetración del 15 por ciento en América Latina, es el desarrollo de agencias de crédito de consumo que han mejorado el acceso a información confiable sobre los consumidores. Al igual que otros ejecutivos entrevistados, Smith cree que el crecimiento en la popularidad de las tarjetas de crédito emitidas por marcas grandes y en crecimiento en América Latina, tales como las chilenas Falabella y Ripley, y las mexicanas Liverpool, El Palacio de Hierro y Electra, está forzando a los emisores de crédito a bajar los costos tanto a los consumidores como a los comerciantes, y a ofrecerle su producto a las clases menos pudientes. Según Smith Ramos, las ventas al detal en México han subido 20 por ciento, un aumento atribuido principalmente a un mayor acceso a las tarjetas de crédito.
En Colombia, Falabella lanzó su tarjeta de crédito CMR Falabella el año pasado, mucho antes del debut en ese país de su tienda por departamento pautada para este año. La compañía es también dueña del 49 por ciento de Home Center, una de las cadenas líderes de mejoras al hogar en Colombia. CMR Falabella puede ser usada tanto en Home Center como en los hipermercados Carrefour en ese país.
Cuando Falabella llegó ofreciendo términos y tasas favorables, los bancos respondieron bajando sus tasas, dijo Sandra Tenorio, gerente general de Jardin Plaza Shopping en Cali. Una competencia reñida entre los emisores de tarjetas ha bajado o eliminado algunos de los honorarios que se le facturan a los comerciantes. Las instituciones financieras en Colombia han recuperado su inversión substancial en la infraestructura crediticia que incluye a los terminales en los puntos de venta, y están reduciendo los costos operacionales a los comerciantes, según Smith Ramos.
De Colombia seguir el modelo de Chile, a los consumidores y detallistas de ese país les aguardan buenas nuevas. Debido a las tarjetas privadas que emiten los detallistas, Chile tiene una de las tasas más altas, si no la más alta, de penetración en América Latina. De acuerdo a FigueroaRoig, en Chile, con una población de 16 millones de personas, el país tiene 11.6 millones de tarjetas de crédito, de las cuales 8.8 millones son tarjetas emitidas por detallistas las cuales tienen poca regulación del gobierno. Siguiendo el liderazgo de Falabella, detallistas de formato grande como las tiendas por departamento, hipermercados y las cadenas de mejoras al hogar han creado un nicho al extenderles crédito a los grupos socioeconómicos con poco acceso a él. De hecho, el 70 por ciento de sus ventas son pagadas con una tarjeta de crédito.
El 80 por ciento de los tarjeta habientes chilenos tienen una tarjeta de crédito de un comercio al detal mientras que el resto tiene tarjetas de crédito tradicionales emitidas por instituciones financieras. De los $25 mil millones en ventas al detal del año pasado, $10 mil millones fueron con una tarjeta de crédito. De esa cantidad, $7.8 mil millones fueron pagados con una tarjeta privada de un detallista.
Los grupos socioeconómicos más bajos sólo tienen acceso a las tarjetas de crédito del retail, lo que les ha permitido mejorar su calidad de vida con acceso a bienes durables, dijo Renato Figueroa, socio de FigueroaRoig. Las tarjetas de crédito del retail se han abierto para ser usadas indistintamente por alianzas, en múltiples comercios, pagos de servicios, gastos de salud, educación, tributos al estado, seguros, viajes, e incluso para cirugías plásticas o avances en efectivo. El año pasado, las compras con tarjetas de crédito en Chile subieron 22 por ciento al compararse con el año anterior, añade Figueroa.
En el vecino Perú, donde varias marcas chilenas operan y han lanzado sus tarjetas de crédito, la Asociación de Bancos del Perú reporta que para el 31 de enero del 2006 había 3.91 millones de tarjetas de crédito, 30 por ciento más que en el 2003. Durante el mismo periodo, el volumen bruto aumentó en un 75 por ciento a $1,250 millones.
El plástico como método de pago se ha convertido en una divisa de uso común, dijo Max Chion, gerente general del Banco del Trabajo en Perú. Con una red de 83 sucursales, este banco privado fue el primero en ese país en mercadear las tarjetas de crédito a las clases sociales más bajas. Para diciembre del 2005, el banco había emitido 558,314 tarjetas de crédito, el 12 por ciento del mercado crediticio del país.
Aún con estos avances significativos, las compañías de tarjetas de crédito aclaran que el mercado está en una etapa temprana de desarrollo. Sólo un 30 por ciento de los latinoamericanos tiene una cuenta bancaria. Según Smith Ramos, hay una fuerte correlación entre la posesión de cuentas bancarias y las tarjetas de crédito.
Una vez te conviertes en un cliente bancario, hay más información sobre ti, afirmó. Estás más susceptible a las ofertas de tarjeta de crédito. Además, las tarjetas de débito de los bancos son en muchas ocasiones la primera experiencia de esos clientes con el plástico.
A juzgar por los recientes desarrollos en la región, seguramente no será la última.
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